Hoy vamos a contar una historia de nuestro pasado carnavalesco, que aunque esté llena de lagunas, no deja de ser un hecho interesante para quienes componen, en la actualidad, nuestra fiesta de febrero.
Vamos a recordar a un hombre al que apodaban “Padre porrillo” o Paquico, el del “cerao”. Desconozco el origen de dichos apodos, así como el de los apellidos de este personaje, que deambulaba por las calles de Huelva en la época franquista y que, según me cuentan, gustaba disfrazarse y contar historias en versos durante todo el año, siendo más común en febrero. De este personaje se conocen pocos datos; Tenía entre 50 y 60 años y se supone que era de una localidad marinera, pues fue pescador y solía contar hazañas de esta índole. Se cree que vivía por el chorrito y se buscaba la vida “Callejeando y contando las historias rimadas, cuentos y coplillas de carnaval. Vestía con un viejo trague negro y camisa clara, así como una enorme pajarita de tela. Uno de sus instrumentos, era una serie de supuestas campanas de latón, de distintas medidas, unidas por una soga, que armaba un ruido estridente y atraía a los niños, que se colocaban a su alrededor para oír sus “payasadas”, quienes tras el acto, les entregaba piezas de pan o frutas. Cuentan que desaparecía meses enteros, sin saber su paradero, se supone que apresado por la Guardia Civil. Este “Porrillo” confeccionaba sus propios carteles, con viejos periódicos que pedía a cuantos pasaban por su lado, la mayoría eran de envoltorios de bocatas de trabajadores, llenos de pringue y aceite. Con piedra de cal los blanqueaba y pintaba con cera o cisco de los braseros, con el lugar donde actuaría y las horas. En algunas Tabernas, actuaba a cambio de la zurrapa de café y algún chato de vino.
Vamos a recordar a un hombre al que apodaban “Padre porrillo” o Paquico, el del “cerao”. Desconozco el origen de dichos apodos, así como el de los apellidos de este personaje, que deambulaba por las calles de Huelva en la época franquista y que, según me cuentan, gustaba disfrazarse y contar historias en versos durante todo el año, siendo más común en febrero. De este personaje se conocen pocos datos; Tenía entre 50 y 60 años y se supone que era de una localidad marinera, pues fue pescador y solía contar hazañas de esta índole. Se cree que vivía por el chorrito y se buscaba la vida “Callejeando y contando las historias rimadas, cuentos y coplillas de carnaval. Vestía con un viejo trague negro y camisa clara, así como una enorme pajarita de tela. Uno de sus instrumentos, era una serie de supuestas campanas de latón, de distintas medidas, unidas por una soga, que armaba un ruido estridente y atraía a los niños, que se colocaban a su alrededor para oír sus “payasadas”, quienes tras el acto, les entregaba piezas de pan o frutas. Cuentan que desaparecía meses enteros, sin saber su paradero, se supone que apresado por la Guardia Civil. Este “Porrillo” confeccionaba sus propios carteles, con viejos periódicos que pedía a cuantos pasaban por su lado, la mayoría eran de envoltorios de bocatas de trabajadores, llenos de pringue y aceite. Con piedra de cal los blanqueaba y pintaba con cera o cisco de los braseros, con el lugar donde actuaría y las horas. En algunas Tabernas, actuaba a cambio de la zurrapa de café y algún chato de vino.
Esto es lo que conocemos de este personaje, del que no he podido encontrar ningún dato, será Historia cierta o fantasía, Pero así me lo han contado y tal cual, yo os lo relato. Sea como fuere, un recuerdo a todos los "padres porrillo" que habrán existido en nuestra historia carnavalesca.
Federico Pérez "El coronel"







2 comentarios:
ostias, un cura porreta
no cre oque fuera por ahí el tema. Más bien por lo que pedía, creo... pero eso ya es intuición mía. Supongo que de la expresión "Pedía al porrillo" en abundancia, pesado, etc.. Digo yo.
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