La crisis y sus consecuencias

15 octubre 2010
Cada mañana, suelo cumplir un ritual muy generalizado entre los currantes, antes de ir a trabajar. Llevo más de dos años acudiendo a un bar de la orden, donde me tomo mi café, mientras ojeo la prensa diaria y comparto algunas palabras con los camareros, que ya son como parte de mi familia. Aunque conozco a la mayoría de las personas con las que coincido casi a diario, sigo empotrado en mi rinconcito, marcando el terreno, pues es uno de los únicos espacios que tengo para mí. En esos momentos, me encanta estar solo, sobre todo, porque aún sigo dormido y lo que menos me apetece, es mantener conversaciones. Es mi primer cigarro, mi primer café y a medida que voy pasando las hojas del “Odiel” o el “Huelva” voy espabilando y preparándome para el nuevo día.
Por la tarde, sobre las 16:00 horas, repito el ritual mañanero, pero en esta ocasión, suelo compartir espacio con otros compañeros de trabajo o personas con las que suelo coincidir, y que por el tiempo, ya hemos entablado cierta relación.
En estos últimos meses, el nivel de decibelios ha aumentado alarmantemente y la tranquilidad del bar se ha ido convirtiendo en bullicio, tanto en la mañana como en la tarde. Además, me voy fijando (Una manía mía) en la gente, es una deformación profesional que no puedo evitar. Son casi los mismos, que alargan las horas o vuelven después del almuerzo. Por desgracia, como me comentaba un señor de unos 50 años, “No tengo otra cosa que hacer”. Por lo tanto, los tranquilos cafés son largos vasos de Anís o aguardiente u otra bebida destilada, las tardes, son para cubatas, cerveza o lo que surja. Al final, Incluso en la puerta del bar, se puede observar algún que otro cigarrillo, de esos que no se venden en los estancos y que personalmente me incomodan. He ido observando, como este número de personas que salen a la puerta, ha ido en aumento y el nivel de embriaguez es más alto. Las conversaciones se salen de tono y las críticas a los políticos, empresarios, etc… se han convertido en batallas campales, que hacen resurgir el malestar que sienten, y la verdad, las horas que pasan en el bar, no minimizan la situación. En estos días, hablando con algún que otro cliente o con los propios camareros, y haciendo un breve y subjetivo análisis de la realidad de mí bar, llego a la conclusión, que esta puñetera situación económica por la que estamos pasando, está descentrando a muchas personas, que buscan una alternativa para salir del sofá de sus casas, y no sentir la responsabilidad de una familia a la que mantener, sin tener recursos para ello. El error, es el refugio de un bar, donde debo reconocer, que compartir con personas que estén pasando por la misma citación, puede aliviar el sentimiento de fracaso, frustración o de rabia, pero por supuesto, perder la noción de la realidad, no es una forma lógica de salir de ese estado. Al final de esta larga jornada, vuelven a sus sillones, muchos embriagados, con menos dinero, con alguna que otra discusión con la “parienta” y por supuesto, sin trabajo.

Federico Pérez "El coronel"

4 comentarios:

  1. Anónimo dijo...
  2. yo lo veo a diario y creo que empeorara

  3. Jota RESPONDER dijo...
  4. "Los lunes al sol", segunda parte. Vamos, un calco de la peli, pero desgraciadamente, no es ficción.

  5. Anónimo dijo...
  6. Mierda de paro y de gobierno

  7. Anónimo dijo...
  8. ya esta bien con este gobierno que nada mas quie hacen traer extranjeros y quitarnos nuestros puestos de trabajo, porque saben que los unicos votos que tienen son los de los inmigrantes

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