Será por odiar

16 julio 2012
Hoy me ha preguntado un amigo si odiaba a un personaje en cuestión, del que mejor obviamos por respeto, no por prudencia, que ya me conocen.

Pues bien; para nada. No es lo mío eso de ir odiando a diestro y siniestro, creo que la expresión más coloquial y acertada sería, “Le tengo manía”, o como dice un buen amigo, “Le tengo tirria”. Pero de ahí al odio va mucho, o quizás sea una forma de disfrazar tal sentimiento, quién sabe.

Para mí, odiar es perder un tiempo que no tengo, ni deseo perder en esas memeces, ni siquiera a quiénes se merecen que les odie, por razones que no vienen al caso. Odiar no es plato de buen gusto para nadie, quizás… en momentos determinados y de forma fugaz, si he llegado a sentir odio, pero es parte de los entresijos relacionales que se cruzan en nuestro campo sentimental. De todas formas, el concepto de odio se utiliza para más cosas de la cuenta, aunque signifiquen otra cosa, por suerte, soy de mente blanca tras unas horas, así que…
De todas formas, por odiar, soy más de odiar, valga la redundancia, al paquete de salchicha de 7 unidades, que siempre me sobra o falta una, a los urinarios sin pastillita azul, que no me da opción donde apuntar si hago aguas menores, a la ostia sagrada que se me queda pegada en el cielo de la boca, a los que dicen no mentir nunca, a las cajeras que cuando le pides factura te responden; “Me lo tenias que haber dicho antes”… te quieres ir al carajo. A los que para dar su opinión se apoyan en frases celebres. Odio los perritos que se colocan en la parte trasera del coche y que mueven constantemente la cabeza, me dan mal rollo. Odio el tofu, la leche desnatada y el tabaco mentolado, las sabanas de franela y las moscas y mosquitos que no me dejan dormir. Odio las patas de conejo que se llevan como llaveros, el llanto absurdo, y encontrarme con un chicle debajo de una mesa. Quedarme sin gas cuando me estoy duchando y no acabar una peli porno; me encanta el diálogo. El secretismo, las pelis que no están sincronizadas “Voz e imagen”, que me recomienden un libro aburrido o la comida sosa. Odio que me salga pelo en el entrecejo o verme más gordo en el espejo. Que se me quede colgado el “feibo”, o que me pare alguien efusivamente y no sepa de qué lo conozco. En fin, llamar odio a todo esto, seguro que les hace gracia… Pero llegar a odiar, a mí me entristece.

 Federico Pérez "El coronel" Carnaval de Huelva

2 comentarios:

  1. Anónimo dijo...
  2. El que odia, llega a ser de naturaleza odiosa.

  3. Anónimo dijo...
  4. dejemosno de odios y hagamos el amor, yo me apunto

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